A transdisciplinary exploration of synergies and crossroads in psychedelic research and therapy

Join us for a day on the integration of research across disciplines and practice, and explore with us innovative tools to solve some of the complex problems of today.

The event is all-free and will take place online via Zoom and on-site at Maastricht University. Invitation links will be sent via mail to all registered guests (RSVP below).

 

 

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Exploring structures and processes emerging around psychedelic research

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Already in the early years of the new millennium, Prof. Evgeny Krupitsky and his team used Ketamine in the treatment of opioid addiction in pioneering clinical studies. In one of these projects, seventy detoxified opioid addicts received either a low, sub-psychedelic dose of Ketamine or a high, psychedelic dose of Ketamine, both supported by accompanying psychotherapy in a randomized trial. Prof. Kupitsky will talk about the implications and results for his groundbreaking work that will inspire other clinicians in the years to come.


Oft sprechen Depressionen nicht auf erste Behandlungsansätze an, woraufhin von einer „therapieresistenten“ Depression gesprochen wird. Der Vortrag zeigt auf, dass es allerdings entgegen der semantischen Bedeutung der „Therapieresistenz“ ein weites Spektrum an weiteren wirksamen Behandlungsoptionen gibt. Diese umfassen medikamentöse, psychotherapeutische und verschiedene somatische Strategien, unter welchen auch dem Ketamin eine neue Bedeutung zukommt.

 


Dr. Levine will provide an overview of the early translation of research on ketamine for depression to real-world applications in private clinics across the United States, its evolution over the past decade, and implications as a new model of psychiatric care delivery.

Sind LSD, MDMA & Psilocybin neue Substanzen in der Behandlung seelischer Erkrankungen? 

Die Anwendung von Psychedelika in der Psychotherapie ist keine neue Erfindung. Bereits vor 80 Jahren entdeckten TherapeutInnen diese Substanzklasse, die in der Lage ist, das Bewusstsein in einer besonderen Art zu verändern. 

Seit den 90erJahren erleben wir ein Wiederaufleben der psychedelischen Forschung. Die Menge an wissenschaftlichen Studien mit positiven Ergebnissen für die Behandlung von Depressionen, posttraumatischen Belastungsstörungen und Angstzuständen mit Psychedelika nimmt mit jedem Jahr zu. 

In diesem Vortrag wird Sergio Pérez (MIND Academy Director) Ihnen einen Überblick über den Stand der Forschung, sowie Hoffnungen und Grenzen dieser Substanzklasse präsentieren. 

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Ketamina en la Terapia Contextual del Trauma: 

La paradoja de la disociación en el TEPT (complejo)

Traducido por Oscar Soto Angona, editado por Francisco Arcila

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marzo 12, 2021
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Founding Director of NSU's Trauma Resolution & Integration Program

Steven N. Gold, PhD, is retired from a full professorship but continues to be active in the areas of Clinical Psychology and Forensic Psychology, with an emphasis on psychological trauma, dissociative disorders, Complex PTSD, and Contextual Trauma Therapy.

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Clinical Psychologist

Michael Quinones, PhD, research and clinical interests focus on the neurobiology and phenomenology of altered states of consciousness and their therapeutic implications in trauma and dissociation.

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Descargo de responsabilidad: esta publicación de blog fue traducida y editada por voluntarios. Los contribuyentes no representan a la MIND Foundation. Si observa algún error o ambigüedad, háganoslo saber; estamos agradecidos por cualquier mejora. Si quiere apoyar nuestro proyecto sobre multilingüismo, ¡contáctanos para unirse al MIND Blog Translation Group!

La disociación inducida por la ketamina en el contexto de la psicoterapia podría tener un efecto terapéutico para el TEPT (complejo) al crear una distancia experiencial a través de la disociación, lo cual permitiría a los supervivientes del trauma enfrentar y resolver material traumático sin verse abrumados por él.

Steven Gold, PhD y Michael Quinones, PhD, son dos psicólogos clínicos que trabajan con sobrevivientes de TEPT-C (Trastorno de Estrés Postraumático Complejo) en el ámbito privado. En esta entrada del blog, comparten su perspectiva sobre el TEPT-C, la disociación y la ketamina, desde su propia experiencia trabajando con psicoterapia asistida con ketamina.

¿Qué es el TEPT Complejo?

Exactamente 40 años después  del reconocimiento del Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) como un trastorno mental diagnosticable,1  resulta notable cuánto y cuán poco ha cambiado. Parece que el reconocimiento del trauma y su impacto es omnipresente. Testimonios de incidentes traumáticos, sus repercusiones psicológicas, y un popurrí de tratamientos para ello, abundan en los medios populares. Las publicaciones de investigación sobre el trauma se han incrementado exponencialmente en las últimas décadas, desde prácticamente no existir en la mitad del siglo XX, a literalmente miles de publicaciones al año en los últimos tiempos. Y, sin embargo, como trabajadores especializados en tratar trastornos relacionados con el trauma, somos contactados con frecuencia por posibles clientes, incluyendo aquellos que residen en las mayores áreas metropolitanas de EE. UU., que no pueden  encontrar profesionales de la salud mental a nivel local, que realmente sepan tratar este tipo de trastornos traumáticos. En su lugar, nos hablan de procesos de terapia que no llegan a ninguna parte, e intervenciones inoportunas y mal concebidas que han exacerbado en lugar de mejorar sus dificultades en relación con el trauma.

Pese a que algunas formas de terapia para el trauma han sido investigadas extensivamente e identificadas como altamente eficaces, hay evidencia creciente de que fuera del laboratorio, en condiciones reales, el nivel de eficacia de estos abordajes es considerablemente menor. Los estudios de investigación muestran que en entornos comunitarios, en promedio, alrededor del 50% de los pacientes abandona el tratamiento prematuramente.2,3 Debido al tratamiento, algunos pacientes incluso experimentan un empeoramiento de los síntomas y una disminución en varias esferas del funcionamiento.3,4

Para complicar aún más las cosas, está bien documentado que el trauma está relacionado con varios síndromes además de (y a menudo, adicionalmentecomo comorbilidad) el TEPT. Los trastornos disociativos, adictivos y compulsivos, la depresión severa, o el trastorno límite de la personalidad, están entre los más relevantes, pero no son los únicos que pueden asociarse con un antecedente traumático.5,6  Cuando estos trastornos aparecen tras un trauma, fracasar en reconocer este origen puede limitar seriamente la eficacia del tratamiento.

Un síndrome menos conocido, pero prevalente, es el TEPT Complejo (TEPT-C), una constelación de dificultades introducida por primera vez por el psiquiatra de Harvard Judith Herman a comienzos de la década de 1990.7  Fuente de controversia durante mucho tiempo,8 la investigación que respalda la validez del TEPT-C de forma decisiva ha emergido recientemente.9,10 Esto, a su vez, ha conducido al reconocimiento explícito de este trastorno en la onceava edición de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11).10,11 El TEPT-C comprende todos los marcadores del TEPT, pero también incluye una tríada de características llamadas colectivamente alteraciones en la organización delyo: un autoconcepto persistentemente negativo, problemas continuos en las relaciones interpersonales, y dificultades en regular las emociones .12 La inclusión del TEPT-C en el esquema de clasificación, marca un hito particularmente importante en la psicología del trauma, de tal manera que algunos estudios empíricos indican que el TEPT-C es sustancialmente más común que el conjunto de dificultades más limitado que comprende el TEPT.12

El TEPT-C fue propuesto originalmente como el resultado de encuentros repetitivos o prolongados con eventos traumáticos.7 Si bien éste parece ser el caso, los resultados de las investigaciones sugieren que el TEPT-C está particularmente asociado con extensas experiencias traumáticas en la infancia.6, 12-14 Tener en cuenta estas raíces en las adversidades de la edad temprana, puede cambiar la forma en que vemos este trastorno. A saber: los tres componentes de alteraciones en la organización del yo pueden ser entendidos, no sólo como consecuencias directas del evento traumático, sino también como dificultades del desarrollo resultantes de una crianza en un entorno interpersonal que no apoya adecuadamente el desarrollo psicológico.

La neurobiología del TEPT-C

Para comprender el potencial de los abordajes asistidos por psicodélicos para fomentar la transformación psicológica que subyace a la resolución del TEPT-C, es vital familiarizarse con la neurobiología del desarrollo del trastorno. Las estructuras neurológicas del cerebro se desarrollan en redes de conectividad (redes intrínsecas de conectividad), cada una de las cuales se asocia con funciones específicas como atender tareas, recordar información autobiográfica o experiencias pasadas, mantener el autoconcepto, o prestar atención al entorno exterior.20 La investigación ha mostrado que las experiencias de apego seguro, incluyendo recibir afecto y atención, y la capacidad de respuesta del cuidador, son esenciales para el desarrollo y crecimiento del cerebro humano, y para la creación de patrones adaptativos de conectividad funcional entre sus estructuras neurológicas.16,17

La investigación en la neurología y la fenomenología del trauma ha mostrado que tanto las experiencias traumáticas como la ausencia de experiencias de apego seguro, que son necesarias para el adecuado desarrollo, pueden afectar negativamente procesos biológicos del desarrollo cerebral, y conducir a patrones aberrantes de función neuronal y conectividad.18,19 Esto incluye problemas con la proliferación y poda neuronal y de sinapsis, resultando en actividad cerebral aberrante dentro y entre estructuras neurológicas específicas.21,22 Los estudios sugieren que estas formas de adversidad pueden alterar el desarrollo de varias estructuras neurológicas esenciales, como el hipocampo, la amígdala, la corteza cingular e insular, y la corteza prefrontal, temporal y parietal.23-25

Los adultos diagnosticados con TEPT, sintomatología disociativa, y trastorno límite de la personalidad, parecen tener alterada de manera significativa la conectividad entre estas estructuras neurológicas, lo que a su vez puede interrumpir redes intrínsecas de conectividad.26-28 Estas interrupciones pueden corresponderse con un rango de perfiles sintomáticos tales como la hiperactivación, la disociación, el estado de ánimo deprimido, pensamientos negativos, autoconcepto negativo, y flashbacks, que están presentes en el TEPT, el TEPT-C, y el espectro de comorbilidades relacionados con el trauma.

Una visión general de la Terapia Contextual del Trauma

Durante unos 30 años, hemos estado trabajando en un marco conceptual en evolución, para comprender el TEPT-C y la aproximación terapéutica basada en esa misma perspectiva conceptual: la Terapia Contextual del Trauma.15 En varios aspectos, el modelo de Terapia Contextual del Trauma es consistente con los resultados de investigación más importantes surgidos recientemente en relación al TEPT-C. Nosotros proponemos que el TEPT-C no solo es el resultado de eventos deletéreos que haya sufrido un niño (es decir, trauma), sino que también procede de la falta de influencias beneficiosas (es decir, deprivación del desarrollo). El impacto traumático del abuso es reflejado en los síntomas del TEPT., Adicionalmente, los tres componentes de alteración de la organización del yo, encapsulan las consecuencias graves de la deprivación del desarrollo. Estas deprivaciones se pueden atribuir a crecer en un contexto con estimulación interpersonal insuficiente, y al fracaso a la hora de atender a las necesidades básicas de afecto y validación del niño. De ahí el término “contextual” en la Terapia Contextual del Trauma. Este contexto de deprivación fomenta la vulnerabilidad a ser objeto de abuso, aumenta el riesgo de trauma en respuesta a violencia interpersonal, aumenta la probabilidad de victimización continua (también conocida como revictimización) en etapas posteriores de la vida, y promueve las formas de disfunción que engloban alteraciones en la organización del yo.

En consecuencia, la teoría de la Terapia Contextual del Trauma propone que la resolución del TEPT-C requiere, primero y ante todo, remediar los déficits del desarrollo para apoyar la resiliencia funcional. Aumentar la resiliencia y estabilidad se puede ver como un preludio a la perspectiva potencialmente debilitante de enfrentar y resolver el trauma. Debido a muchas posibles deficiencias en el desarrollo, los sobrevivientes del TEPT-C pueden ver limitadas sus capacidades de adaptación y afrontamiento y son, por lo tanto, vulnerables a empeorar en lugar de mejorar cuando se les confronta directamente con material intensamente traumático. Para evitar esto, se pueden abordar los tres componentes de alteraciones en la organización del yo en el TEPT-C mediante: 1) el desarrollo de una relación terapéutica segura y consistente que puede servir de “laboratorio” para adquirir habilidades interpersonales; 2) facilitar el procesamiento cognitivo de creencias irracionales que perpetúan una autoimagen negativa; y 3) entrenamiento en habilidades conductuales que fomenten una regulación suficiente de impulsos y expresiones emocionales.

En resumen, la Terapia Contextual del Trauma es un tratamiento ecléctico, que bebe de un amplio abanico de abordajes, guiados por la premisa central de que las alteraciones en la organización del yo no son atribuibles primariamente a eventos traumáticos en la infancia, sino a haber crecido en un entorno interpersonal que no modeló ni transmitió adecuadamente capacidades adaptativas de organización del yo. Siendo este el caso, reprocesar el trauma no basta para mejorar estos tipos de dificultades. Por el contrario, debido a que es agotador y potencialmente desestabilizador, centrarse de manera intensiva en el trauma de manera temprana durante la terapia, puede de hecho empeorar los problemas en la organización del yo.

El potencial de la ketamina como adyuvante a la terapia, para fomentar la resolución del TEPT-C

Las últimas décadas han estado marcadas por un progreso sustancial en la investigación sobre la aplicación de los psicodélicos (como psilocibina, ayahuasca, LSD, MDMA y ketamina), para el tratamiento de un amplio espectro de problemas de salud mental y trastornos psicológicos. Entre los psicodélicos clásicos y no clásicos, la ketamina presenta un interés específico para nosotros por varias razones. Más importante aún, ha mostrado beneficiar a pacientes con varios trastornos psicológicos, incluyendo el TEPT-C, la disociación, la depresión, la ansiedad, y los trastornos por uso de sustancias.29-31

A diferencia de los psicodélicos clásicos, la ketamina ha sido con frecuencia nombrada como un “psicodélico disociativo” o una “droga disociativa”. De hecho, los efectos disociativos de la ketamina ya fueron destacados cuando fue descubierta y comenzó a usarse como anestésico.32  Estudios más recientes describen cómo la administración de ketamina proporciona experiencias disociativas dependientes de la dosis  como la despersonalización, la desrealización, la distorsión del tiempo, y la amnesia.33,34 Curiosamente, la despersonalización y desrealización agudas tras la administración de ketamina parecen predecir el efecto antidepresivo del fármaco.35,36

Investigaciones recientes en los efectos neurobiológicos de la ketamina arrojan luz sobre cómo la ketamina podría inducir sus efectos terapéuticos. La ketamina favorece la neuroplasticidad tanto mediante la “sinaptogéneis” (creación de nuevas sinapsis entre neuronas), como la “neurogénesis” (crecimiento de nuevas neuronas). 30 Además, la ketamina afecta directamente a los receptores del neurotransmisor glutamato, que parece cambiar la conectividad funcional entre varias estructuras neurológicas (corteza prefrontal, hipocampo, corteza cingulada anterior, y los ganglios basales), y por lo tanto altera la conectividad funcional de redes a gran escala en el cerebro a través del “desacoplamiento” y “acoplamiento”, respectivamente, de ciertos nodos de interconexión de las redes.37,38 En un entorno terapéutico, esto podría ayudar a mejorar la conectividad neuronal entre y dentro de estructuras neuronales que de otra manera estarían alteradas debido al impacto del trauma y del desarrollo restringido.

Por consiguiente, estos cambios neurológicos se correlacionan con la experiencia del individuo de consciencia alterada tras la ketamina, tales como anhedonia reducida (la incapacidad de sentir placer), distorsión del tiempo, y despersonalización.37,39 Como parte de la sintomatología debilitante del TEPT-C y otros trastornos relacionados con el trauma, las experiencias disociativas están típicamente asociadas con experiencias tanto de trauma como de deprivación. Cuando son provocadas con ketamina, sin embargo, la disociación parece ejercer un efecto terapéutico a través de alteraciones neurobiológicas y fenomenológicas de la consciencia. Nosotros creemos que esto se debe a dos cualidades de la ketamina que son terapéuticas para esta población: 1) la distancia experiencial producida por los efectos disociativos de la ketamina permite a los supervivientes de traumas afrontar y resolver material traumático sin verse abrumados por el mismo, y 2) Las propiedades promotoras de la neuroplasticidad de la ketamina proporcionan una base para remediar el desarrollo.

Mientras que normalmente se piensa en la disociación en términos de manifestaciones como la despersonalización y la amnesia, nosotros encontramos conceptualmente útil tener en cuenta que la palabra disociación, esencialmente significa desconexión. La disociación puede manifestarse como una desconexión de la experiencia subjetiva que uno tiene (como en la despersonalización, donde los pensamientos, sentimientos, sensaciones etc., de la persona no parecen pertenecerle), del entorno de uno (como en la desrealización, en la que la persona siente que su entorno es distante e irreal), o de otras personas (la relativa incapacidad para sentir un vínculo experiencial con otros, una característica común de varias formas de apego inseguro).

Para personas traumatizadas, las capacidades disociativas parecen actuar como una espada de doble filo. Tienen una función protectora para hacer frente a la angustia psicológica, emocional y física crónica, asociada con la constante adversidad y traumatismo durante la infancia.. Sin embargo, el automatismo de la disociación como un mecanismo protector, puede también crear dificultades crónicas en la vida. Crear relaciones gratificantes, mantener el empleo, y el éxito general en la vida diaria, requieren de la capacidad de tolerar niveles variables de estrés, y mantener una presencia experiencial. Esta presencia experiencial es también necesaria para acceder a estados emocionales positivos relacionados con la conexión mutua, relaciones plenas, alegría, espontaneidad y creatividad. Dado que es precisamente esta presencia experiencial lo que se ve alterado por la disociación, resulta difícil para los pacientes con disociación crónica prosperar y vivir una vida feliz y satisfactoria.

Un componente integral para tratar el TEPT-C, es ayudar a las personas afectadas a reducir las reacciones disociativas ante episodios de angustia, apoyándoles para que desarrollen la capacidad de conectar experiencialmente consigo mismos, con los otros y con el entorno. En los niños, estas capacidades se adquieren a través de las conexiones percibidas con padres atentos y sensibles, lo cual estimula el desarrollo de conexiones neuronales ricas y adaptativas en el cerebro.40 El desarrollo de una relación terapéutica y colaborativa, un fundamento tanto de la Terapia Contextual del Trauma como de la terapia de trauma en general, es esencial para fomentar estas conexiones neuronales y sus correlatos experienciales. Nuestra experiencia clínica respalda que la terapia asistida con ketamina puede acelerar enormemente este proceso.

Implicaciones terapéuticas

Hemos tenido la suerte de tener contacto con centros de ketamina que han abrazado con entusiasmo nuestra participación para proporcionar terapia asistida con ketamina a algunos de nuestros clientes con TEPT-C. En conjunción con nuestra exploración de la literatura relevante en investigación biopsicológica, nuestra impresión en este momento es que el potencial terapéutico de la ketamina para personas con TEPT-C podría representar una paradoja, una forma de enfrentar al fuego con fuego. Aunque los episodios de disociación son una de las principales fuentes de dificultad para aquellos con TEPT-C, las cualidades disociativas de la ketamina parecen ser integrales, tanto a un nivel fenomenológico como biopsicológico, para remediar brechas y deformaciones en el desarrollo.

Fenomenológicamente, la influencia calmante de la disociación inducida por ketamina puede proporcionar suficiente distancia experiencial como para neutralizar las dificultades habituales como la desconfianza, la sensación de inseguridad, y las comprometidas capacidades para tolerar la angustia y regular las emociones. La influencia calmante de la ketamina puede incluso hacer que sea mucho más fácil enfrentar el material traumático y la desensibilización al mismo.

En términos biopsicosociales, el desacoplamiento de conexiones neurológicas y la creación de nuevas, más productivas, puede conducir a ganancias sostenidas en el tratamiento en un tiempo radicalmente menor que solo con psicoterapia de respuesta al trauma. Nuestra limitada experiencia hasta ahora con terapia asistida con ketamina para el TEPT-C es consistente con estas suposiciones. Hemos visto importantes saltos en el desarrollo psicológico y la resolución del trauma después de relativamente pocas sesiones asistidas con ketamina. Ahora queda en manos de la observación clínica adicional y los hallazgos empíricos, determinar si nuestras impresiones clínicas iniciales se ven confirmadas.

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Referencias
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40. Siegel, D.J. The Developing Mind: How relationships and the brain interact to shape who we are, 2nd Ed. 2012. New York, Guilford.

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No en tu Tercer Ojo

¿ Qué Hace la DMT en tu Cerebro ?

Traducido por Laura Pérez Duque , editado por Daniel Belalcázar

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febrero 4, 2021
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¿Existe DMT en el cerebro? ¿Qué podría estar haciendo allí? Estas   han permanecido en las mentes de los investigadores psicodélicos durante décadas y resolverlas no iba a ser sencillo. Una nueva investigación va más allá de los intentos de probar ideas románticas sobre la liberación de DMT en la glándula pineal durante experiencias cercanas a la muerte. Observando neuronas de forma individual, esta investigación indica que el DMT podría tener un papel como neurotransmisor no canónico involucrado en proteger al cerebro del estrés físico y emocional. Una idea que surge de la investigación  actualiza la pregunta original: ¿y si el DMT es naturalmente neuroprotector?

DEL AMAZONAS A OCCIDENTE Y DE VUELTA

Los neurotransmisores son pequeñas moléculas secretadas en el sistema nervioso que transmiten información entre neuronas. Muchos de ellos – serotonina, dopamina y adrenalina, por nombrar algunos – pertenecen a la clase química de las monoaminas. El psicodélico natural más potente, N, N-dimetiltriptamina (DMT), pertenece a esta misma clase de moléculas. Se puede encontrar DMT en pequeñas trazas en los sistemas nerviosos de animales (incluyendo mamíferos), pero no se ha demostrado directamente que actúe como neurotransmisor endógeno.1 Es más común y mejor entendido en las plantas, donde ayuda a defender algunas especies de los animales herbívoros.2

Los humanos han estado extrayendo DMT de las plantas durante siglos. No es activo por vía oral debido a la presencia de la monoamina oxidasa (MAO), una enzima que degrada el DMT en el tracto digestivo humano. Los chamanes amazónicos han sabido cómo evitar esto durante siglos, combinando una raíz que contiene DMT con plantas que contienen IMAO, o inhibidores de la monoamina oxidasa, que detienen la degradación de la DMT. La infusión psicodélica resultante de esta mezcla se conoce como ayahuasca, de aya (espíritu) y waska (liana).3

La ayahuasca está inseparablemente entrelazada con la mitogénesis y la espiritualidad de las tribus indígenas  . Análogamente, a medida que el DMT entró en la conciencia occidental, facilmente encontró su lugar en la literatura y la filosofía. Sus propiedades biológicas también han intrigado a los científicos desde su primera síntesis en 1931. Debido a la similitud del DMT con la serotonina, era tentador suponer que podria ocurrir naturalmente como un neurotransmisor en el cuerpo humano. ¿Dónde podría encontrarse un neurotransmisor tan peculiar? Conjeturas populares, tomando conceptos tanto de la ciencia como de la mitología, lo colocaron en la glándula pineal.

El papel principal de la glándula pineal es regular los patrones de sueño produciendo melatonina. Pero la historia de esta estructura del tamaño de un guisante en el cerebro anterior es mucho más romántica. En el antiguo Egipto, representaba el ojo del dios celestial Horus, mientras que en India se ha asociado con el “tercer ojo”, una puerta mítica hacia la conciencia superior. Una encarnación moderna de estas historias se originó en DMT: The Spirit Molecule, un libro en el que el autor y psiquiatra Rick Strassman, MD, postula que grandes cantidades de DMT pueden ser secretadas en el cerebro moribundo, permitiendo la transición de la conciencia de una vida a la siguiente.4

VIDA Y MUERTE

Desde   de la teoría de Strassman, la presencia y el propósito de la DMT en la glándula pineal han sido temas de acalorado debate. Aunque hasta ahora no se ha aislado directamente del cerebro humano, experimentos en humanos y ratas demuestran que sus cerebros – incluyendo la glándula pineal – contienen enzimas necesarias para la síntesis de DMT.1

La   implicación de la DMT en experiencias cercanas a la muerte es difícil de probar o refutar en humanos, pero se han hecho intentos en ratas. Investigaciones han demostrado que los cerebros de las ratas contienen DMT y que su concentración aumenta después de un paro cardíaco inducido.1,5 ¿Podría esto significar que estas ratas de laboratorio han pasado por una experiencia cercana a la muerte? ¿Es esta experiencia mediada por la DMT, o es la DMT sólo un producto de desecho metabólico de un organismo estresado?

Los resultados experimentales ofrecen una visión limitada. Si acaso, la DMT podría ser sólo una parte de la verdadera lluvia de neurotransmisores (incluyendo serotonina, dopamina y noradrenalina) que se libera en respuesta al estrés severo del paro cardíaco.1 Además, a pesar de que la concentración de DMT aumentó, no fue posible determinar si el aumento correspondía a una dosis psicodélica exógena. Mientras que algunos investigadores creen que éste es el caso, otros señalan que se desconoce cómo unas cantidades fisiológicas bajas de DMT endógeno podrían almacenarse para ser liberadas en masa, así como la reacción biológica que dicha liberación desencadenaría. El conocimiento científico actual carece de la prueba irrefutable necesaria para implicar directamente a la DMT en experiencias cercanas a la muerte: un mecanismo bioquímico bien definido.

¿LA PRUEBA IRREFUTABLE?

son raras en biología. Tanto los neurotransmisores como los compuestos psicodélicos actúan sobre múltiples regiones cerebrales, interactúan con diferentes receptores con especificidad variable y desencadenan un amplio espectro de cascadas de señalización bioquímica y genética. La DMT no es diferente, y aunque originalmente se consideró que ejercía sus efectos principalmente a través de los receptores de serotonina 2A, se han encontrado nuevos blancos. Uno de estos nuevos blancos, el receptor sigma-1 (Sig1R), no es la respuesta al rompecabezas del DMT. Sin embargo, nos presenta varias piezas intrigantes del rompecabezas.

Sig1R es inusual. Sus orígenes son un misterio: En términos evolutivos, está más estrechamente relacionado con una enzima fúngica llamada isomerasa esterol que con cualquier receptor de neurotransmisores de mamíferos.7 Los científicos no están seguros de cómo interpretar este hallazgo, especialmente teniendo en cuenta el hecho de que esta enzima fúngica en particular se aisló por primera vez de un hongo que produce alcaloides similares a la LSD.

Mientras que muchos receptores se especializan en transmitir señales de neurotransmisores ya sea en la membrana celular, dentro de la célula, o en el núcleo, Sig1R es inusual porque puede hacer los tres. En la membrana, puede interactuar con otros receptores de neurotransmisores y cambiar su función formando complejos con ellos. Cuando está dentro de la célula, se une a proteínas anti-estrés y les ayuda a realizar sus funciones.8 En el núcleo, recluta otras proteínas que se unen al ADN y activa o desactiva diferentes genes a través de mecanismos epigenéticos.9

Este receptor multifuncional se conoce como ‘huérfano’, lo que significa que los científicos aún no han identificado su principal neurotransmisor activador. Primero se sugirió que Sig1R podría ser un subtipo de receptores opioides, pero más tarde los científicos encontraron que otros compuestos se unen a él también, incluyendo la cocaína y la hormona sexual progesterona. Más recientemente, la evidencia se ha asentado para las especulaciones de que la DMT podría activar este receptor.

La primera indicación de que este podría ser el caso vino de la investigación de cultivos celulares, donde se demostró que la DMT puede unirse a Sig1R. La investigación con ratones amplió este hallazgo y mostró que el comportamiento del ratón bajo la influencia de la DMT no cambia cuando se bloquearon los receptores de serotonina y dopamina. Pero después de desactivar su receptor Sig1R, los ratones dejaron de reaccionar al DMT. Estos resultados han llevado a los investigadores a concluir que Sig1R es uno de los principales blancos del DMT.11 Otra pista proviene del hecho de que en las sinapsis que conectan diferentes neuronas, Sig1R se encuentra cerca de una enzima implicada en la síntesis de DMT.12 Esto llevó a algunos investigadores a preguntarse si Sig1R, en lugar de 5HT-2A, es el principal mediador de los efectos psicodélicos de DMT.

LOS PODERES DEL RECEPTOR SIGMA 1

¿Qué sucede en la célula cuando el DMT activa Sig1R? Algunas respuestas provienen de la investigación de cultivos celulares. Estudios recientes han encontrado un papel para la DMT tanto en la respuesta inmune como en la respuesta anti-estrés de células humanas individuales. En las células inmunes, se demostró que la DMT activa la producción de moléculas antiinflamatorias.13

En un estudio similar, las neuronas humanas en el cultivo celular fueron privadas de oxígeno. Las neuronas mueren rápidamente cuando no tienen suficiente oxígeno, pero el tratamiento con DMT y la posterior activación de Sig1R permitió que mas neuronas sobrevivieran.14 Este hallazgo ofrece un enlace de nuevo a Rick Strassman: Si la DMT ayuda a las células estresadas, ¿Podría estar también ayudando a organismos enteros en estados de estrés – cuando están cerca de la muerte y severamente privados de oxígeno? Si bien es tentador especular, es importante tener en cuenta que las neuronas en el cerebro funcionan de una manera compleja, dependiente del contexto. Observar las neuronas individuales en cultivos muestra a los científicos lo que está sucediendo dentro de ellas, pero dice poco sobre cómo interactúan entre sí en un cerebro vivo en 3D.

En la actualidad, esta brecha aún no se ha salvado. Los investigadores no han probado la actividad de Sig1R en cerebros intactos sometidos a hipoxia u otros tipos de estrés fisiológico. En un cerebro moribundo, la DMT podría estar ayudando a las neuronas a sobrevivir, pero la supervivencia por sí sola no nos dice qué están haciendo esas neuronas ni cómo su actividad podría crear las visiones características de las experiencias cercanas a la muerte. A falta de evidencia directa, podemos tomar algunas pistas de los estudios de imagen cerebral e intentar conectarlos con mecanismos conocidos de Sig1R.

Observando los cerebros de las personas bajo los efectos de DMT y ayahuasca, los investigadores observaron alteración en la actividad en los centros visuales y auditivos del cerebro, así como en las regiones relacionadas con la memoria. Estos incluyen centros de percepción y procesamiento de emociones negativas y recuerdos tristes, centros de recuperación de memoria y la amígdala (una región cerebral comúnmente asociada con el procesamiento social y emocional, incluyendo el miedo, la ansiedad y la agresión). 15,16

El Dr. Antonio Inserra, investigador de la Universidad de Flinders en Adelaida, intentó reconciliar las perspectivas molecular y cerebral y formuló una   sobre los roles que Sig1R podría desempeñar en estas actividades cerebrales.7 Su análisis se centra específicamente en el papel de la DMT en el procesamiento de traumas, un fenómeno que atrajo su interés debido a informes anecdóticos de pacientes con TEPT (Trastorno por Estrés Post-Traumático) cuyos síntomas se redujeron después de sesiones de ayahuasca. Especula que Sig1R podría formar complejos con otros receptores y aumentar la transmisión de señales y la plasticidad sináptica en los centros de memoria, lo que podría ayudar a recuperar y reprocesar recuerdos traumáticos. Además, señala que el Sig1R en el núcleo sirve como un regulador epigenético9, lo que significa que recluta enzimas que añaden diferentes etiquetas al ADN y a las histonas (las proteínas alrededor de las cuales se enrolla el ADN en la célula) para activar y desactivar los genes. Hace mucho tiempo se entiende que los mecanismos epigenéticos tienen un papel importante en todos los aspectos de la formación y remodelación de la memoria. Debido a esto, Inserra sugiere que algunos de los mecanismos a través de los cuales la ayahuasca trata el trauma pueden estar mediados por epigenética Sig1R en los centros de memoria cerebral.

AL AMAZONAS:

Un nuevo estudio del Dr. Simon Ruffell, investigador asociado del King’s College de Londres, también vincula la DMT, Sig1R y la regulación epigenética. Su equipo, supervisado por la Prof. Celia Morgan (Universidad de Exeter), siguió a los participantes en ceremonias de ayahuasca en el Amazonas para investigar cómo estas experiencias impactaron sus recuerdos traumáticos. Los participantes reportaron disminuciones significativas y duraderas en depresión, ansiedad y malestar general. Para averiguar por qué, el equipo de Ruffell recogió muestras de saliva y analizó los cambios en las etiquetas epigenéticas en su ADN. Descubrieron que el gen Sig1R cambia epigenéticamente en algunos participantes (resultados inéditos presentados en la conferencia ICPR2020). Ya que sabemos que el propio receptor está involucrado en la modulación epigenética, esto podría ser sólo el comienzo. ¿Qué otros genes vemos epigenéticamente modificados después de sesiones de ayahuasca? La investigación epigenética de Ruffell puede ofrecer más pistas no sólo sobre cómo funciona la DMT con Sig1R a nivel epigenético, sino también sobre la epigenética de la memoria como tal. No importa qué otros resultados salgan de este estudio, ya sirve como un puente importante entre el laboratorio y la ceremonia; entre la célula, el cerebro y la experiencia.

El estado actual de la investigación del DMT se asemeja a piezas de rompecabezas inconexas. Aunque hay varios indicadores de que podría haber DMT de forma natural en el cerebro humano, sus ubicaciones y funciones siguen siendo esquivas. Hay más datos disponibles sobre cómo funcionan la ayahuasca y el DMT exógeno, tanto en la célula como en el cerebro, pero aún no podemos justificar extrapolando los roles de ella DMT endógena a partir de estos hallazgos.

Sin embargo, varias teorías especulativas han surgido recientemente. Mientras que algunos investigadores se están enfocando en los potenciales roles anti-inflamatorios y neuroprotectores de la DMT, otros miran los estudios de imagen cerebral y trauma y apuntan hacia sus posibles efectos en la remodelación de la memoria. Ambos podrían ser ciertos, y ambos pueden ser colocados en el contexto de la teoría de Rick Strassman de que la DMT está presente en el cerebro humano para aliviar los efectos del estrés fisiológico masivo, como en las neuronas privadas de oxígeno durante las experiencias cercanas a la muerte. ¿Podría el cerebro moribundo estar liberando DMT endógeno para mantenerse vivo el mayor tiempo posible? Si es así, las características comúnmente reportadas de las experiencias cercanas a la muerte, incluyendo las visiones y la ” vida que pasa frente a los ojos” podrían ser simplemente efectos secundarios. En los casos de supervivencia neuronal y procesamiento de memoria, la investigación hasta ahora apunta hacia el receptor multifuncional y misterioso Sig1R como un actor clave en estos procesos.

Mientras que las complejidades de sus mecanismos moleculares aún no se han descrito completamente, el receptor multifuncional Sig1R está ahora firmemente establecido   del DMT, y esto abre nuevas líneas de investigación. Tal vez la nueva y más emocionante investigación incluirá estudios sobre cómo la DMT y Sig1R afectan la regulación epigenética. La información sobre qué genes activan o desactivan podría poner los hallazgos de la investigación de cultivos celulares en el contexto de organismos enteros. Los mecanismos epigenéticos están en la base misma de nuestras interacciones dinámicas con el mundo y con nuestras propias mentes. Comprender cómo estos mecanismos ayudan a almacenar y remodelar recuerdos puede ayudarnos a formular un modelo biológico coherente de los efectos terapéuticos de la experiencia psicodélica.

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Referencias
  1. Dean, J. G. et al. Biosynthesis and Extracellular Concentrations of N,N-dimethyltryptamine (DMT) in Mammalian Brain. Sci. Rep.9, 9333. 2019.
  2. Marten, G. C. Alkaloids in Reed Canarygrass. in Anti-Quality Components of Forages 15–31. Crop Science Society of America. 2015.
  3. Luna, L. E. Indigenous and mestizo use of ayahuasca: an overview. The ethnopharmacology of ayahuasca 2, 01–21. 2011.
  4. Strassman, R. DMT: The Spirit Molecule: A Doctor’s Revolutionary Research into the Biology of Near-Death and Mystical Experiences. Simon and Schuster. 2000.
  5. Barker, S. A., Borjigin, J., Lomnicka, I. & Strassman, R. LC/MS/MS analysis of the endogenous dimethyltryptamine hallucinogens, their precursors, and major metabolites in rat pineal gland microdialysate: LC/MS/MS of endogenous DMTs in rat pineal gland microdialysate. Biomed. Chromatogr. 27, 1690–1700. 2013.
  6. Barker, S. A. N,N-dimethyltryptamine facts and myths. J. Psychopharmacol. 32, 820–821. 2018.
  7. Inserra, A. Hypothesis: The Psychedelic Ayahuasca Heals Traumatic Memories via a Sigma 1 Receptor-Mediated Epigenetic-Mnemonic Process. Front. Pharmacol. 9, 330. 2018.
  8. Mori, T., Hayashi, T., Hayashi, E. & Su, T.-P. Sigma-1 Receptor Chaperone at the ER-Mitochondrion Interface Mediates the Mitochondrion-ER-Nucleus Signaling for Cellular Survival. PLoS One 8, e76941. 2013.
  9. Tsai, S.-Y. A. et al. Sigma-1 receptor mediates cocaine-induced transcriptional regulation by recruiting chromatin-remodeling factors at the nuclear envelope. Proc. Natl. Acad. Sci. U. S. A. 2015. doi:10.1073/pnas.1518894112.
  10. Su, T.-P. & Hayashi, T. Understanding the Molecular Mechanism of Sigma-1 Receptors: Towards A Hypothesis that Sigma-1 Receptors are Intracellular Amplifiers for Signal Transduction.. 2003.
  11. Fontanilla, D. et al. The hallucinogen N,N-dimethyltryptamine (DMT) is an endogenous sigma-1 receptor regulator. Science 323, 934–937. 2009.
  12. Mavlyutov, T. A. et al. Development of the sigma-1 receptor in C-terminals of motoneurons and colocalization with the N,N’-dimethyltryptamine forming enzyme, indole-N-methyl transferase. Neuroscience 206, 60–68. 2012.
  13. Szabo, A., Kovacs, A., Frecska, E. & Rajnavolgyi, E. Psychedelic N,N-dimethyltryptamine and 5-methoxy-N,N-dimethyltryptamine modulate innate and adaptive inflammatory responses through the sigma-1 receptor of human monocyte-derived dendritic cells. PLoS One 9, e106533. 2014.
  14. Szabo, A. et al. The Endogenous Hallucinogen and Trace Amine N,N-Dimethyltryptamine (DMT) Displays Potent Protective Effects against Hypoxia via Sigma-1 Receptor Activation in Human Primary iPSC-Derived Cortical Neurons and Microglia-Like Immune Cells. Front. Neurosci. 10, 423. 2016.
  15. Riba, J. et al. Increased frontal and paralimbic activation following ayahuasca, the pan-Amazonian inebriant. Psychopharmacology 186, 93–98. 2006.
  16. Palhano-Fontes, F. et al. The psychedelic state induced by ayahuasca modulates the activity and connectivity of the default mode network. PLoS One 10, e0118143. 2015.
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Beyond the Therapeutic Alliance

How MDMA and Classic Psychedelics Modify Social Learning – An interview with Gül Dölen
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enero 26, 2021
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Associate Professor of Neuroscience

Gul Dolen studies the synaptic and circuit mechanisms that enable social behaviors.

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Journalist, Managing Editor at InformED

Saga Briggs is managing editor of InformED, a resource that connects teachers and students with cognitive science.

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“Rather than having the MDMA-assisted psychotherapy and then sending them home with a journal and some happy thoughts, what we really ought to be saying is that the therapeutic window is actually for weeks, if not months after the acute psychedelic effects have worn off.”

At the Johns Hopkins University School of Medicine, Department of Neuroscience, neurobiologist and MIND’s scientific advisory board member Gül Dölen, MD-PhD, studies the mechanisms by which psychedelic drugs work to treat diseases of the social brain like PTSD, addiction, and severe forms of autism. Dölen spoke to me about her 2019 Nature paper,1 which showed that MDMA re-opens a “social critical period” in the mouse brain when it is sensitive to learning the reward value of social behaviors – but only if the mouse is in a social setting. Based on this research, Dölen and her colleagues believe two things are required for MDMA, and potentially all psychedelics, to be therapeutic in the context of social brain diseases: 1) the re-opening of the critical period and 2) the right social context for the memory to be reshaped. Not only does this view challenge current psychedelic therapy models; it also suggests a way forward for psychiatric treatments more generally.

Priming the brain for psychedelics

Saga Briggs (SB): Based on your animal studies, how do you think psychedelic drugs might work in humans to treat social brain diseases like PTSD?

Gül Dölen (GD): When we think about what happens when someone has PTSD, what we’re dealing with is that during their childhood or youth [during this maximum sensitivity to the social environment, or “social critical period”], they were in a social environment and something bad happened to them, and in that moment, their response was very adaptive. They were protecting themselves by putting up walls, by guarding themselves from whatever was causing that injury.

But then the critical period closes, and over time, that adaptive response starts to become less and less adaptive until they reach adulthood and they’re unable to form intimate relationships. They’re unable to keep a job. They have a very negative view of themselves in terms of self-esteem, that they’re not deserving of love and being in the world. The memory becomes an extremely well-ingrained worldview, and it’s hard to dislodge it. And so the idea is that what we’re doing with MDMA is going back and allowing them to rewrite that memory in a way that’s adaptive, now that the traumatic event has been removed from their environment.

And so I think that in the end of the Nature paper1, we kind of ended with, “Oh, well, [psychedelic drugs] might be just making the therapeutic alliance stronger,” but based on other more recent data and thinking about it longer, I think that it’s more than just the therapeutic alliance. It’s about making available those memories to modification.

SB: How does this memory modification work exactly?

GD: The way I’m talking about it now is I call it “open state engram modification.” So you put the brain on MDMA in an open state where you’re going to be sensitive to your social environment again, and then –either through therapy or through processing your own memories or looking at photographs or journaling—what you’re doing is bringing back the memory engram that is relevant to the trauma in this state where you are available to manipulate it and make those memories malleable and rewrite them to respond to the realities of your current world.

SB: And do you think that has to happen in a social setting, per se? I think in your Nature paper you mention this phenomenon only happened when mice were with other mice. But of course, many people have transformational experiences taking psychedelics on their own.

GD: I actually think probably one of the most surprising and profound findings of the paper is the setting dependence, because every other explanation that has been made of how these psychedelic drugs work from literally everybody else has always overlooked the fact that these experiences are very much modified by the set and setting, that they’re context dependent. You know, it’s not like people who have PTSD are taking MDMA and going to raves and coming back cured. Yes, you can have profound experiences that are important in a therapeutic way outside of a doctor’s office. But you’re not going to have it if you spent the whole time just partying. In that case you’re not engaging those [traumatic] memories.

Going beyond the acute effects

SB: Is this the same mechanism you believe could work to treat severe forms of autism?

GD: Before we can dive in on the human trials for autism, we kind of want to get a little bit more information about autism. One of the things that happened when I was a graduate student is that, my graduate advisor Mark Bear and I, we put forward this theory that if you turn down the signaling of a specific glutamate receptor [mGluR5], it balances out the exaggerated protein synthesis observed in autism.2 This theory had a lot of enthusiasm and excitement and seemed to be validated by animal research that was replicated by twenty-eight other labs. After those preclinical animal studies got so much press, the big pharmaceutical companies jumped on board and they thought they were going to cure autism with this mGluR modification. And then the clinical trials failed, and it was a big disappointment for the whole field of translational neuroscience. It was devastating because we all thought it was going to work, and then it didn’t. So in trying to think about why it didn’t work, there were a lot of different possible explanations. But I think it’s that every single one of the animal studies was carried out either from genesis [doing the manipulation genetically so they were born with the modified gene] or they were given [the modification] very early in development and just given it chronically for their whole lives. Whereas, in the human trials, the youngest recruited patients were sixteen years old, but most of them were adults—well past the age when their social critical period would be closed.

So, the idea that I would love to pursue is, well, maybe the reason that the clinical trials failed is because the mGluR therapy was right, but the critical period was closed. What we really needed to do is give a mGluR modulator, plus a psychedelic, to reopen the critical period. So that under the conditions of an open social critical period, the biochemical imbalance would be corrected and then you would get therapeutic efficacy.

SB: Would open state engram modification be a lasting treatment for these diseases? How long did the effect last for the mice in your study?

GD: Yeah, actually, I think that’s the second most important thing that we found in this study: Every other study trying to figure out the mechanisms of this has really focused on the acute effects of the drugs. And what we found is that after MDMA, the critical period starts to open about six hours after the acute dose. And then it kind of peaks out at 40 hours and stays up for at least two weeks, and then by a month it comes back down. So just to kind of put that into perspective, two weeks in a mouse is probably more like two months in a human.

I think that also informs how we might want to be doing these clinical trials. Rather than having the MDMA-assisted psychotherapy and then sending them home with a journal and some happy thoughts, what we really ought to be saying is that the therapeutic window here is actually for weeks, if not months after the acute psychedelic effects have worn off. We need to treat that period of time as precious and really make there be a lot of intensive focus and therapeutic activity happening during that window rather than just kind of setting them off and letting them be on their own.

Where therapy meets big pharma

SB: In what other ways could these findings influence treatment models?

GD: This speaks to a debate that’s going on right now in psychedelic therapy. The pharmaceutical companies are really wedded to this idea that if we can understand the mechanisms of these drugs, on a pharmacological level, then eventually we can design a drug that activates whatever mechanism is curing depression or PTSD or whatever it is, and then we can design out all of those nasty psychedelic side effects. The psychedelic journey can be gone, right? Like, that’s their dream.

And then you have on the other side the psychologists, who say, “No, that can’t be right because we know that we can achieve these psychedelic therapeutic effects even without the drug, as long as we can get them to this mystical place. We can do it with meditation, we can do it with a little bit of breath work, etc. And furthermore, the strength of that mystical experience correlates with the strength of the therapeutic effects.”

So these are the two sides of the debate. And I think our finding about the setting dependence of psychedelics in opening the critical period kind of offers a middle ground between these two worldviews. What it says is that the binding of the drug to the receptor opens a critical period—that’s the pharmacological effect that the drug companies have been so furiously searching for. Our hypothesis is that that is the mechanism. Any drug or any manipulation that can reopen the critical period has the potential for that therapeutic effect. But then on top of that, the setting dependence of it means to me that what the psychedelic journey is doing and the setting is doing is priming the brain so that the right memory and the right circuit is being brought into reactivation or made available for modification in this open state.

It’s a middle ground between these two different views of how the [drug] is working. And I think it really says, mechanistically when we are evaluating a potential hypothesis or a new compound or a new way of doing these clinical trials, we need to address this issue of “are we opening the critical period and are we effectively triggering the relevant engram?” Because if we’re not doing either of those things, it’s not going to work.

Future Directions

It remains to be seen whether critical period reopening will become a deliberate aim of psychedelic therapies, especially as other labs begin to claim therapeutic efficacy with trip-less synthetic versions3 of psychedelic drugs. Regardless, there appears to be significant, untapped therapeutic potential to be explored in the months following standard psychedelic treatment. In the case of PTSD, this window could prove invaluable. In the case of autism, which is not universally considered a disease, the conversation is more complex. While the notion of “curing” autism has been and should be challenged, for example by questioning the ethics of fundamentally changing core aspects of an individual’s personality, Dölen’s work stands as a pivotal contribution to the field for those who might seek treatment.

 

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References

1.       Nardou, R., Lewis, E., Rothhaas, R., Xu, R., Yang, A., Boyden, E. and Dölen, G., 2019. Oxytocin-dependent reopening of a social reward learning critical period with MDMA. Nature, 569(7754), pp.116-120.

2.       Dölen, G. and Bear, M., 2009. Fragile x syndrome and autism: from disease model to therapeutic targets. Journal of Neurodevelopmental Disorders, 1(2), pp.133-140.

3.       Cameron LP, Tombari RJ, Lu J, Pell AJ, Hurley ZQ, Ehinger Y, et al. A non-hallucinogenic psychedelic analogue with therapeutic potential. Nature. 2020;589(7842):474–9.

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Would You Talk to a Machine Therapist?

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diciembre 11, 2020
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Professor of Psychiatry

Prof. Dr. med. Gerhard Gründer is head of the Molecular Neuroimaging Department at the Central Institute of Mental Health, Mannheim.

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In my recent blog post, I reported on the optimistic view that “digital phenotyping” with smartphone technology would improve psychiatric diagnosis and possibly even treatment. Building on this, I discussed general advancements towards including big data in psychiatry. Another important aspect of the digitization of psychiatry is the development of machine therapists in mental health care, working with artificial intelligence. Adam Miner and colleagues from Stanford University give a brief overview of the current status in their article “Talking to machines about personal mental health problems”.1

Machine therapists that communicate with patients are already in use in the USA and in China. These “conversational agents” are called “Gabby” or “Ellie”. They perform psychiatric interviews and might even someday be able to perform formal psychotherapy. Miner and colleagues are optimistic about the potential usefulness of conversational agents. “Optimism is growing that conversational agents can now be deployed in mental health to automate some aspects of clinical assessment and treatment.”1 According to them, “Some data suggests that people respond to them as though they are human.”1 This could be helpful, “especially to improve access for underserved populations.”1 And interestingly, one study suggests that people who know that they are talking to a computer are more willing to open up.

Miner et al. further state: “The bridge from human responses and machine responses has already been crossed in ways that are not always made clear to users. Chinese citizens engage in intimate conversations with a text-based conversational agent named Xiaoice.”1 The authors admit, however, that conversational agents have not been evaluated in clinical trials and that they might not only be ineffective, but also cause harm. Additional future problems with the technology might be issues of confidentiality. Does a machine therapist have to be as secretive as a human?

Furthermore, most of the current technology seems to be based on text communication, meaning it is based on semantics. Communication in psychiatry, by contrast, is highly contextual. Empathy cannot be coded in words.

While we once believed that psychiatry is the most human medical specialty, scientists now seem to believe that this is the first specialty that will be replaced by computers. Would you talk to a machine therapist about your emotions, your conflicts, your desires?

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References
  1. Miner AS, Milstein A, Hancock JT. Talking to Machines About Personal Mental Health Problems. JAMA. 2017;318(13):1217-8. doi:10.1001/jama.2017.14151
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The Psychedelic Compendium

A New Resource for Research on Psychedelics

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diciembre 1, 2020
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Research & Knowledge Exchange Associate, Resources Manager

Jagoda contributes to the Drug Science Program and the Resources section.

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The Psychedelic Compendium is a series of curated lists of research articles introducing specific topics in a nutshell. Since psychedelic research is a rapidly growing field and new articles are published almost daily, we understand that it might be overwhelming to skim through a multitude of publications searching for the right one. To make it easier to find relevant research, we are introducing lists of article recommendations carefully selected by our team.  

Comprised of both open and closed access articles, our lists of recommended readings aim to lay the foundations for understanding distinct aspects of psychedelic research. Starting from basic overviews and then diving deeper into specific research perspectives, the lists highlight the most important publications in the field.  

To make the lists a handy tool for not only researchers and professionals but also journalists and the general public, we will provide a brief summary of each article. We believe that bridging the information flow between academia and society will significantly benefit both parties. High quality research combined with clear channels of communication with the public will facilitate responsible policy making and therefore result in sustainable development of the relations between science, governments, and the population. 

This post will be continually updated – stay tuned for the incoming recommendation lists! 

 

1. Recommended Readings for Psychedelic Novices

These ten articles will give you a solid foundation to start your psychedelic research journey. You will gain an overview of state-of-the-art of psychedelic research, the history of psychedelic exploration, the many applications of psychedelic substances in various fields, and most importantly, their therapeutic potential. 

 

2. Recommended Readings Introducing Psychedelic-Assisted Therapy

Psychedelic-assisted therapy has the potential to help improve global mental health. In this list, we will introduce the history and current state of the research on psychedelic-assisted therapy, as well as challenges and future perspectives. 

 

3. Recommended Readings on Psychedelics for the Treatment of Depression

Psychedelics offer a new avenue in the treatment of mood disorders. In this list, we will explore the advantages of psychedelics over mainstream antidepressants and summarize essential studies investigating the potential of psychedelics in the treatment of depression and anxiety. 

 

4. Recommended Readings – Serotonin Receptors

This list of recommended readings explores the diversity among serotonin receptors, the history of their discovery, their relations with psychedelics, and their mechanisms of mediating subjective experiences and therapeutic effects.

 

5. Recommended Readings – Psilocybin

In this list, we focus on general press articles about psilocybin research and therapy that were published mainly in larger international newspaper outlets.

 

6. Recommended Readings – Top 2020

This list of Top 10 Articles of 2020 will discuss a ground-breaking trial with psilocybin for major depressive disorder, long-term outcomes of MDMA-assisted psychotherapy for PTSD, how psychedelics work in the brain, and how to produce psychedelics at a larger scale.

 

7. Recommended Readings – Ketamine

This selection of research articles on ketamine for mental health will explore its promise in treating not only depression but also the positive effects on suicidal ideation, addiction, and further symptoms of mental health disorders.

 

8. Recommended Readings – Ketamine

This list presents press articles discussing the therapeutic use of ketamine in mental health treatments and its potential modes of action.

 

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Big Data in Psychiatry Brave New World?

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noviembre 27, 2020
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Professor of Psychiatry

Prof. Dr. med. Gerhard Gründer is head of the Molecular Neuroimaging Department at the Central Institute of Mental Health, Mannheim.

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Every day in the press, but also in the medical literature, the promises of “Big Data,” “Precision Medicine,” and “Machine Learning” for medicine can be found. These proclamations usually begin with sentences such as: “Mental health (including substance abuse) is the fifth greatest contributor to the global burden of disease, with an economic cost of $ 2.5 trillion in 2010, and expected to double by 2030.”1

And then these articles point to the sheer endless possibilities for digitization in medicine. “Big Data” is praised as the solution to all problems in psychiatry: it would supposedly improve not only early detection of mental disorders, but also therapy. These promises sound heavenly: “The emerging field of ‘predictive analytics in mental health’ has recently generated tremendous interest with the bold promise to revolutionize clinical practice in psychiatry.”2 Does anyone really believe that? And more importantly, do we want that?

In my recent blog post “Does Your Phone Know You Better Than Your Therapist?“, I described what “digital phenotyping” means and what great expectations are associated with it. I have also expressed my skepticism. “Big Data” in psychiatry goes beyond that. It purports to infer our state of mind from the pictures we post on Facebook or Instagram. Initial studies have already been published in which an algorithm diagnosed “depression” or “post-traumatic stress disorder” based on Instagram photos or Twitter posts, sometimes long before a clinical diagnosis was made. Very soon, machines should be able to analyze speech in order to derive diagnoses like depression or incipient dementia. There are also claims that the kind of music we hear could allow conclusions about our emotional state. Some hope in all seriousness that by analyzing the troves of data collected about us – and these are not only our digital data traces, but also biological data like genes, epigenetic patterns, hormones, values, and anything which one can “measure” – mental illnesses can be “discovered” so early that they do not even occur anymore.

If you want an idea of what this vision might mean, watch Steven Spielberg’s great film “Minority Report”, in which crimes are prevented before they are even committed. But the future vision of “Big Data Psychiatry” goes far beyond that, and it raises many questions. Who will make a medical diagnosis in the future? A doctor? Or the machines from Google and Apple? And if the data collectors have found evidence that I’m suffering from depression, who will be informed? A public health system? A higher „authority for mental health“? Will I be contacted by this authority for treatment? And if I do not want that, will I be „monitored“ to prevent my possible suicide? What happens to someone whose data suggests he will be diagnosed with psychosis at 90% certainty in the next six months? And if we believe – as some actually do, seeing humans as deterministic biological machines – that this occurs with 100% certainty, then what? Do we treat them prophylactically? Do we even have a right to warn them?

Who will define what is “normal”? When is a “depression” in need of treatment when a machine makes the “diagnosis”? In a thoughtful article, Manrai, Patel (both Harvard University) and Ioannidis (Stanford University) recently asked the question, “In the Era of Precision Medicine and Big Data, Who Is Normal?”3 The concept of the Research Domain Criteria (RDoC), a dimensional framework for the integrative research of mental (dys)function across different levels of information and organization, also suggests that in the future – though this may be a bit exaggerated – one no longer treats the suffering person, but the disturbed brain function. Will there be cut-off values, as is usual in laboratory settings, outside of which one should advise treatment?

Finally, emotions like depression, fear, or despair have their evolutionary meaning. Especially Western industrialized societies tend to regard these as unwanted and want to turn them off at any cost. I am convinced that this is one reason why the use (or perhaps better – consumption?) of antidepressants has increased dramatically in the last twenty years and continues to increase each year. Have we become healthier? The answer can be found in the first paragraph of this post. Big data psychiatry is the answer to social developments. Yet it causes many people at least as much discomfort as these developments themselves.

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References
  1. Conway M, O’Connor D. Social Media, Big Data, and Mental Health: Current Advances and Ethical Implications. Curr Opin Psychol. 2016;9:77-82. doi:10.1016/j.copsyc.2016.01.004 
  2. Hahn T, Nierenberg AA, Whitfield-Gabrieli S. Predictive analytics in mental health: applications, guidelines, challenges and perspectives. Molecular psychiatry. 2017;22(1); 37–43. https://doi.org/10.1038/mp.2016.201 
  3. Manrai AK, Patel CJ, Ioannidis JPA. In the Era of Precision Medicine and Big Data, Who Is Normal? JAMA. 2018;319(19):1981-2. doi:10.1001/jama.2018.2009